Ven y enloquece

Ven y enloquece
Por favor: no compréis aún ejemplares en Amazon de «Nada ha sido probado», esperad hasta que anuncie su publicación definitiva. Gracias por vuestro interés.

sábado, 31 de enero de 2009

Kong 007 (su nombre es KONG, King Kong)







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¡Voy a ver a mi Luisa, voy al Mississippi!
¡¡ Voy a ver a mi Luisa, voy al Mississippi!!
—Eh… maikelyackson, ¡toma el dinero y corre a ver a tu Luisa antes de que me dejes sordo! —(Si hay muchos placeres en la vida, ninguno reside en estar cerca de Nino cuando se levanta, cuentan las leyendas del barrio El Carmen, Gijón)
—¡Oye, Tom! —dijo el adolescente posando su armónica y pasando de Nino—. Ya se ha levantado “mister ronquidos 2009”. Por cierto, julioiglesias, —le apuntó al recién levantado mientras le seguía dando la espalda— ¡Súbete la bragueta, que se te va a enfriar el cerebro!
Nino se llevó la mano al vértice de su hombría sin sentir ningún placer por conocerse. Subió apurado la cremallera, logrando contener un grito que le recordó la principal inconveniencia de no llevar calzoncillos. Al pensar en el tironcillo cutáneo que le esperaba cuando tuviera que abrir el cierre, adoptó un semblante que provocó la carcajada del negro sonriente.
—¡Tom! ¡Ven! ¡Esto es mejor que cuando a la tía Polly la espantan las gallinas!
—¡Paso de ir a verle el careto a ese triste fullero! ¡Mejor vienes tú a ayudarme, Huck, que estoy acabando nuestra balsa pirata!
—¡Mosquis! ¡Multiplícate por cero, cretino! Oye, Tom, espera, fumemos primero una pipada mientras… —el adolescente se alejó sin haberle dirigido una mirada, lo que aprovechó el kinkonero para ajustarse el braguero.
Para intentar ocultar su expresión de Tiroloco McGraw tras reajustar sus suspensorios, Nino se llevó la mano derecha a la cara, arañándose sin querer la piel.
—¡Coño, cómo me han crecido las uñas en una noche! ¡Pensaba que había comprado un crecepelo no un alargauñas!
—¿Una noche? Caballero, ¡se ha pasado usted durmiendo casi tres semanas! —Nino se giró y vio frente a él a un hombre de unos sesenta años, de mostacho tupido y cabello poblado, ambos canos. El sonriente desconocido sacó una pipa del bolsillo interior de su impoluta guayabera blanca—. Me encanta este viento. El Paraíso lo prefiero por el clima, el Infierno por la compañía; pe…
—Espera un momento, canas. ¿Has dicho 3 semanas? Creo que deberías darle cuerda a tu reloj de madera, yoni. —le interrumpió el arañado, más pendiente de unirse a los chavales en su viaje que de escuchar al viejuno.
—Me llamo Mark, no Johnnyle refutó con calma mientras intentaba que su pipa tirara—, y si no me crees en lo del tiempo, puedes mirarte en ese espejo que cuelga del árbol. Eso sí, guárdate las lamentaciones sobre tu aspecto lamentable: es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido, que abrirla y disipar la duda.


Tras acercarse al cristal, se fijó en lo crecida que tenía la barba y en lo menguado que seguía su cabello. La voz del desconocido lo rescató de su abstracción.
—Cuando era más joven podía recordarlo todo, hubiera sucedido o no… pero juraría que llevas convaleciente en el camastro de esa choza desde el lunes 12. En mitad de la noche comenzaste a gritar ¡Ayer la vi! ¡Ayer la vi! Y a decir palabras raras como “trostélido”, “pellejuda” o “súper pop!”. El doctor MoreauMark no pudo disimular su repulsión al pronunciar ese nombre— dijo que probablemente te habrías infectado mientras estuviste en el interior de Moby Dick, y que si dejábamos que te llevara a su parte de la isla, te estudiaría con calma y te devolvería convertido en un nuevo ser.
—¿Estudiarme con calma? ¿Ese tal Muro no será jomo? ¡Por que es lo que me faltaba! Desde que he llegado a esta playa ya ha habido varios alegres que me han querido aceitar en protección solar… ¡A mí, que mi canción favorita de Village People es Macho Macho Man!
—No sé de qué me hablas, macilento, aunque en tu caso tengo claro que no te afecta eso de “Sé virtuoso y te tendrán por excéntrico”, con que abras la boca ya te conviertes en raro —le comentó Mark con una expresión que mezclaba la sorpresa y lo cómplice—. ¡Deja de mírate en ese espejo y siéntate!
¿Por donde iba?... ¡ah! ¡sí! Cuando esos engendros a los que llama ayudantes ya lo tenían todo listo para trasladarte, apareció esa simia tan mona que se opuso —se detuvo en su narración para golpear la pipa contra una piedra—. ¡Maldita cachimba, en doscientos años nunca ha funcionado bien!
Como te decía la chimpancé empezó a discutir con el doctor y dos de sus ayudantes la agarraron para silenciarla. Me pregunto si ya los habrán podido desenterrar…
—Vale, canas, me siento. Pero si te pones cariñoso, grito —le dijo Nino mientras le ofrecía un trozo de madera con el que hurgar en la pipa.
—Gracias. En ese momento surgió Kong, y de un bramido acalló el griterío. A regañadientes el doctor accedió a dejarte aquí, tras aclarar que no te cuidaría si Kong no le daba un mechón de su pelaje. ¡Entonces llegó el momento de las tortas!
Veras, al cumplir los setenta años me he impuesto la siguiente regla de vida: No fumar mientras duermo, no dejar de fumar mientras estoy despierto, y no fumar más de un solo tabaco a la vez. Pero, esa noche me faltaron manos para fumar…

—Sigue soñando. El caso es que Jeckyll estaba ausente, y Frankenstein con otro paciente; así que Chita avisó a la chamán de la tribu de los yahoos de la que fue a su poblado a comprar un vestido de seda.
La pobre primate se pasó todos los días cuidándote pese a las protestas de Kong, quien sugirió que te atendiera el doctor Lecter. La sacrificada sólo te dejó para ir a enviar un telegrama de condolencia a los familiares de un tal Weissmüller al cumplirse veinte años de su muerte.
—19 días… ¡coño, pues sí que necesitaba descansar! Cuando vea a la mona ya le daré las gracias y le pediré el número de esa rubia amiga suya que anda en bolas.
Oye, canas, ¿sabes si hay cerca un sitio donde pueda cenar algo? La verdad es que tengo hambre.
—¿Cenar? Amigo, imagino que quieres decir “MERENDAR”. Son las cinco de la tarde.
—No me tomes el pelo, viejuelo. ¿Las 5 y tan oscuro? ¡Debes creer que soy de oviedo! Soy un playu, gijonudo de toda la vida, a mí me vas a engañar. Con lo oscuro que está, o vivimos en el culo de Kong o son las 10 de la noche.
—Lo mismo me dijeron en la corte de El Rey Arturo cuando predije el eclipse —le comentó un Mark más atento a que la pipa tirara que a las impertinencias de su interlocutor—.
Créeme, enloquecido, dentro de cinco minutos la claridad volverá y…

—¡Señor Twain! ¡Señor Twain! Tiene que venir a la orilla: Godzilla ha traído a rastras a un dino azul que afirma ser Nino; una tal Megan que pregunta por Ninin; Robur ha aparecido con su aeronave; y a Kong le ha dado por cantarle a Chita….

ADELANTE
©Nino Ortea. Gijón, 31-I-09

miércoles, 28 de enero de 2009

Me hicieron criminal


Por entonces, el bueno de Bob sólo venía a verme por las noches. No sé cómo se las arreglaba para seguirme, pero siempre lo acababa encontrando en el cuarto de baño de algún bar, tras haberme tomado unas cuantas copas.
Al principio su comportamiento no era muy llamativo: les quitábamos las bebidas a las parejas aprovechando el momento de pasteleo, marchábamos de los bares sin pagar, o cogíamos alguna cazadora si en la calle estaba frío. Nada que un adolescente tardío que supera la cuarentena no haga para asentar una amistad.
De repente, Bob se empezó a mostrar agresivo, máxime si había alguna pellejuda cerca ante la que pavonearse. Ya no me divertía con él, pero seguía empeñado en llevarme a La Casa Negra, aunque yo me negaba a ir a un lugar que me sonaba a templo de la salsa, pues al final los porteros siempre acababan echándome cuando me ponía meloso con las mulatas.
Durante un par de meses, pareció haberme olvidado, y mi vida era aburridamente feliz. Créanme, no hay nada más aburrido que una vida monótona, ni mayor felicidad que quedar con Eva para despabilar mi aburrimiento.
Pero, pese a que en su momento fingió no darle importancia, en cuanto Eva descubrió lo de mi prótesis las cosas nunca fueron igual… y finalmente me dejó por un butanero serbio-bosnio de nombre tan impronunciable cono inabarcable son sus músculos.
Y allí estaba yo, alone again, en la solitaria recepción de un hotel en un Gijón desértico. Y de repente, como en una toma involuntaria de cámara, vi su reflejo. Cerré los ojos, pero oí su carcajada y olí su aliento fétido diciéndome: Fuego, camina conmigo.
Afortunadamente, en ese momento, sonó el teléfono y al otro lado escuché la voz de una desconocida: Marina. Zambullirme en las aguas de ensueño que me bañaban con su voz, fue tan irresistible como lo es la cotidiana tentación de desnudarme en cuanto enciendo el microondas.
Para mi sorpresa, esa corriente cálida que bañaba a este golfo resultó fluir de una compañera recepcionista que me llamaba desde la continental Salamanca. Poco a poco, con la excusa de facilitar el desplazamiento a clientes de nuestros respectivos hoteles, la fui llamando con frecuencia; hasta que le acabé reconociendo que esos “huéspedes” nunca se alojaban en su hospedaje pues no existían: eran meros personajes que me inventaba para hablar con ella.
Dijo mi nombre, el verdadero, el que no admite apellidos, y se rió. No había sido el único que en alas del deseo había fantaseado la realidad.
Acabamos quedando en vernos la pasada noche del viernes, pues yo acababa el contrato, ella tenía unos días libres y le apetecía conocer Gijón.
Recuerdo haberla ido a buscar a la estación de autobuses, solazarnos por el paseo marítimo, perritos calientes, un bar muy oscuro, Bob mirándome fijamente… ¡y a la policía llamando a golpes a mi puerta!

La fortuna de vivir en una caseta de obra es que si saltas por la ventana no te espera una caída muy dura; así que me arrojé por la ventana aprovechando un momento en que los polis hicieron coro con los albañiles para soltar unos despropósitos calenturientos a unas monjas de clausura que llevaban el hábito subido de tobillos।

Tras cubrirme mis partes nobles con un cromo de Pikachu, llegué a la entrada de un centro comercial, donde el vendedor de la O.N.C.E. me confundió con el hombre anuncio enviado por una agencia publicitaria; y desde entonces no me he atrevido a quitarme mi traje de danoNino para sorpresa de mis compañeros bajo el puente, que se preguntan si el azul de mi piel se debe a un consumo excesivo de bourbón.
Por fortuna esta mañana, me he podido escapar de la sección de refrigerados del súper y acercarme a mi caseta. Los muy impresentables de los polis, lo habían dejado todo en orden y en su sitio, con lo que a mi me había costado encontrarle el punto exacto a mi desorden. El caso es que, en mi mesita-escritorio-tocador, al lado del retrato enmarcado de ¡Megan Fox!, y un bollycao caducado, encontré la foto que había imprimido de Marina junto a dos de sus compañeras de recepción.
Ahora sólo me queda saber cuál es de las tres, encontrarla, y que le diga a la policía que soy tan indecente como inocente।


Ah, quisiera recordarles la increíble oferta que disponible en Supermercado El Colmado: al comprar un paquete de danoninos, le regalaremos otro y le cobraremos los dos.
Y ahora, creo que me tengo bien merecido saborear mi bollycao caducado. Os ofrecería, pero seríais capaces de aceptar.
114’.
©Nino Ortea Gijón, 28-I-09

martes, 27 de enero de 2009

Nino Ortea, la verdad oculta


Mañana miércoles, 28 de enero, si logramos que Nino se recupere del síncope de verse en el espejo, comenzará una nueva temporada de Ven y enloquece en la que nuestro personaje se decidirá a vagabundear por lugares donde los ángeles no se atreven a morar.



En su recorrido por las callejuelas del delirio (y las encrucijadas entre las avenidas egocentrismo y los paseos de egolatría) para refugiarse de una Realidad que le es hostil, el antihéroe vivirá mil y un desventuras, que lo llevarán a decisiones desesperadas.



Quizás la más dura de ellas sea la de matar a aquella pasión que más quiere.

¿A quién pertenece ese cuerpo sin vida que él había abrazado tantas veces, pensando que le era fiel mientras lo engañaba con uno con mejor pluma?



No hay nada más peligroso que un ciego con una pistola.
Nino Ortea, tuerto de desamor, decidirá eliminar a una de sus otrora musas, ahora empadronada en la calle del olvido.



Si crees que el doctor House es el súmmun de lo borde y el engreimiento, espera a descubrir los nuevos delirios de Nino Ortea en esta segunda temporada de Ven y enloquece.

domingo, 25 de enero de 2009

Nino Ortea nos ha abandonado


En declaraciones exclusivas para nuestro dominical, un Peter Pan envejecido al no poder regresar en alas de la Fantasía a su isla de Nunca Jamás, realiza unas aseveraciones estremecedoras:



"Cuando un niño no lee, la imaginación desaparece"


"Confiaba en Nino Ortea y en su promesa de no abandonarnos. Pero La Realidad ha demostrado la falsedad de sus palabras."


"Todo comenzó cuando Wendy me confesó que estaba enganchada a su relación con El Capitán Garfio."




Junto a estas estremecedoras declaraciones en exclusiva desde la boca de la locura, nuestras habituales secciones de subcultura, vicio, depravación y bondage.


Ven y enloquece
, la mejor excusa para apagar un ordenador y encender tu imaginación.

sábado, 24 de enero de 2009

Nino Ortea continúa desaparecido


¿Quién o quiénes se esconden tras la enigmática personalidad de Nino Ortea?

¿Qué oscuras maquinaciones se encontrará urdiendo en silencio este señor del despropósito?




Mientras la Blogosfera duerme sosegada, sólo él conoce el MAL que anida en el corazón humano.




Cuando todo parecía tranquilo…


¡Ven y enloquece, el regreso!

viernes, 23 de enero de 2009

lunes, 12 de enero de 2009

Continuará










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Hay muchas formas de afrontar La Realidad. Quizás tantas como nombres tiene El Demonio.
La soledad de esta recepción comienza a mustiar mi ánimo, y mis viejos fantasmas e inseguridades van acomodándose a mi lado. Satanás intenta convencerme de mi condición de ángel caído, mientras Lucifer me recuerda que en las calderas de Pedro Botero nunca me sentí solo.
Quizás quiero volver a ser ese Mefisto que le vendió su alma a Belcebú a cambio de 38 años de felicidad; y que, cuando Leviatán se presentó a cobrar su deuda, lloró hasta lograr apagar los fuegos de El Infierno. La sensación de haber burlado a El Diablo tras haberle entregado mi alma de barro, se desvaneció al ver su reflejo en el fondo de una botella. Me había encontrado.
Me miró con ojos sabios, y viviseccionó mi cuerpo hasta llegar a mi espíritu. Sacó mi luz y le adhirió una mota de oscuridad. No dijo ninguna palabra. Perdonó mi inconsciencia de creerme por encima de El Bien y El Mal.
Supongo que es poco el precio que pagué por soñarme inmortal. Otros, mejores que yo, lo han perdido todo. Yo sólo pierdo ocasionalmente la razón.
Esa mácula que me ha producido mi gusto por lo desmedido, es visible en diferentes cicatrices que tatúan mi piel, resultado de navajazos, botellazos o puñetazos. Mi maldición eterna es mi incapacidad para la estabilidad, para estarme quieto o saber esperar. Todo me aburre, todos me cansan. Me falta la fuerza del interés para luchar por nada o por nadie.
Mi historial médico certifica mi refugio en el exceso, traducido en traslados en ambulancia, ausencias, desmayos y una conducta reprobable que nunca me perdonaré. Prefiero no pensar en el dolor que sentían mis seres queridos al verme así. Me temo que una de las preocupaciones de mi madre moribunda era el temor al infierno sobre la tierra que yo podía desatar tras su muerte.
Pero entonces llegó la oscuridad. La mota lóbrega eclipsó mi brillo. Fue fácil proyectar la culpa de mi aturdimiento en pantallas con nombre propio; al igual que ahora lo es aducir razones que tienen mucho de excusa. Tras pasarme cuatro años en el ring, dando golpes a ciegas como un boxeador sonado, una mañana me levanté de mi rincón, me quité los guantes a mordiscos y bajé del cuadrilátero. Para mi sorpresa, salí bien parado.

O eso creía.

Como os comentaba unas líneas mas arriba, hay muchas formas de afrontar La Realidad. Una de ellas es el autoengaño. Es habitual el que neguemos a alguien o algo, con la misma fuerza que lo amamos u odiamos. En la madrugada de ayer, tras contestar a un comentario, reparé en lo desmesurado de mi actividad en este blog. En el número de horas que me había pasado preparando textos y seleccionado imágenes, para alimentar mi ego herido. No pude evitar preguntarme el porqué de tanta actividad en mitad de la nada de Internet.
De repente me entró la duda.
¿Y si no escribía para mí, y lo hacía en realidad para demostrarle al vació mi valía?
¿Y si el acicate de mi creatividad era responder al desprecio sufrido? Una especie de revindicarme en Internet, buscando ganar batallas en guerras ya acabadas.
Después de todo, La Red llevaba años en mi vida y nunca me había atraído; es más siempre había desconfiado de ella más que de un militar pacifista. Y, de repente, como un monje que abandona un monasterio de clausura en pos de una meretriz ajada, me maravilla lo desconocido de aquello que no valoraba.
El conectarme a Internet desde mi casa, me supuso aprender a reventar claves de seguridad wifi; por lo que le dediqué horas a aprender lo que nunca me había interesado. El compartir mis trabajos creativos conllevó superar mis recelos sobre derechos de autor. He comprado un dominio. Abierto varios blogs. Fantaseado con la idea de ganar dinero con los ingresos publicitarios...
¿Por qué?
No lo sé. El caso es que la experiencia ha sido apasionante, y me gustaría poder mantener su embrujo.
De momento me voy a tomar un descanso de Ven y enloquece, para así evitar que el cansancio me aleje de él.
El fin de semana del 24 al 25 de enero volveré. Durante este tiempo seguiré escribiendo, riendo y viviendo. Me leeré, dispersaré y hasta puede que me compre una lavadora. Nada se acaba por desconectarme, pero creo que me vendrá bien comprobar que mi teórica burla a El Diablo es real, y no un espejismo provocado por mi enganche a La Red; pues quizás ahora haya cambiado la dependencia de unas caderas por el culto al gran Satán informático.
Todo comenzó hace un año por estas fechas. Me parece increíble que poco más de un año atrás, llegara a pasar semanas sin mirar el correo. Llegó el momento de hacer realidad ese “Menos blog y más asfalto” que preconicé varias veces.
Nos leemos dentro de dos semanas. Mientras tanto, pellizcad todo lo pellizcable y saboread la vida.
Eso será lo que yo estaré haciendo.

Marcelino José Ortea Suárez


sábado, 10 de enero de 2009

TdAp: Movieland10




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Jerome Charyn // Movieland, chapter 10.

Two-Headed Man.
El hombre de dos cabezas.



A Otto no le gustaba hablar de sus películas pasadas. Caía en una amnesia muy conveniente.
Pero su cara se enrojeció como la de un niño cuando saqué a colación La zarina (1945), protagonizada por Catalina la Grande (Tallulah Bankhead) y un miembro de su guardia real. Alexis (William Eythe), que asciende bajo su protección para acabar hundiéndose. Alexis es un oportunista que carece de la suficiente inteligencia.
Vi la película cuando tenía ocho años, y me pareció que encarnaba todos los comportamientos de un alumno de colegio público. William Eythe era como mi propio patético espejo. Me crié con él... También me derrumbé en la corte de Catalina. La película me había asustado más de lo que Bela Lugosi nunca podría hacer. Tenía todo el cinismo del Bronx.
Lubitsch”, —dijo Otto—. “Era una película de Lubitsch. Él sufrió un infarto... me pidió que la dirigiera. Mis amigos me dijeron: manténte alejado, Otto. Pero no pude. No fue un éxito... todo el mundo esperaba por ‘el toque Lubitsch’. Querían otra Ninotchka. Les di algo diferente”.
Me encantó”, —le dije—. “¿Qué fue de William Eythe?”. Él era mi héroe, ese hombre con aire sospechoso, descolorido, atractivo a su manera, que parecía vivir en las sombras.
El alcohol”, —dijo Otto. Eythe había muerto a los treinta y ocho años de hepatitis.
Dimos un paseo tras la comida. La gente se quedaba mirando a su conocido cráneo. Otto se sumergió en el tráfico. Fuimos a su casa en la ciudad. En la Calle 64.


Parte del proyecto televisivo giraba en torno a la suspensión, por parte de la Corte suprema, de la decisión de las autoridades de Nueva York de impedir la proyección de una película francesa basada en la novela de D. H. Lawrence, El amante de Lady Chatterley.
Bueno”, —le dije a Otto—, "si vamos a tener a Black y todos los restantes cuervos de la magistratura, ponderando la inmoralidad de El amante de Lady Chatterley, ¿por qué no incluimos una escena suya viendo la película?”.



A Otto no le gustó la idea.
Él no había visto la película de Marc Allégret, protagonizada por Danielle Darrieux y Leo Genn.
No había en ella la más mínima pizca de pornografía. Pero pensé que podía ordeñar de ella un poco de drama, mostrando una bandada de cuervos, con sus togas negras, buscando los pequeños detalles que se le escapasen a Daniel Darrieux.
Otto había alquilado la película. La vimos juntos en su sala de proyección, en el piso superior de su casa en la ciudad. Danielle Darrieux estaba hermosa, por supuesto. Pero las escenas que más me gustaron, fueron aquellas en las que aparecía Leo dando vueltas con su silla de ruedas.
Otto se quedó dormido tras la película. Se tumbó en un diván cerca de la ventana y comenzó a roncar. “Mamá”, decía en su sueño. “Mamá”. Y se golpeaba la frente con un enrojecido puño.


8. “Las películas no se elaboran en las mentes de los guionistas”, dijo el director Wener Herzog.
Y Herzog tiene razón.
Otto me había dado una obra en su forma esquemática, y me sentí como un niño con un libro para colorear que él no había escogido. No estoy seguro de cuantos guionistas habían trabajado en el texto antes que yo. Pero tenía un montón de huesos con los que entretenerme: páginas que estaban a medio escribir.
Se había producido un truco de magia mientras me sentaba en el estúpido escritorio de Otto. Los cuadros habían desaparecido de la oficina. Había detectives escudriñando las moquetas de Otto, midiendo las paredes. Me daban la sensación de estar embrujados, atrapados en su propio encantamiento solemne. Toda la operación apestaba a metafísica. Me pregunté si no estaría en mitad de un viaje en el tiempo, un soñador en el planeta Tlön. Lo que quiera que estuviera pasando, era más interesante que mi preocupación con la Corte Suprema, y mucho más ficticio.
El culpable resultó ser un antiguo novio de una secretaria de la oficina de Otto. La llamaré M. Otto no presentó cargos. Se enfrentó al antiguo novio en una tarde lluviosa, lo invitó a subir a Sigma Productions, como si fuera a entrevistar a un actor para nuestro programa televisivo. No gritó. Había un tono casi musical en su voz. Sabía que M no había estado implicada, y quería protegerla de cualquier clase de escándalo. Era una conducta curiosa para un productor independiente. No se sentía especialmente cercano a M. Pero ella trabajaba para él. Era parte de su pequeña tribu.
Los cuadros reaparecieron. Continué escribiendo. Me sentía más y más como un hombre de dos cabezas. Me gustaba mi colaborador, Otto Preminger. Me había convertido en un miembro de su tribu, pero no podía darle lo que quería: un docudrama sobre la Corte Suprema, con el aspecto de un cuadro perfectamente trazado.
Me vi envuelto en espacios vacíos, en subversivos planetas del alma.


Huí de Otto Preminger, pero tiene gracia. Eché de menos la oficina, beber té en la porcelana china de Otto, el azul de los ojos de Otto, su enloquecida búsqueda de lo “coloquial”.
Oí rumores sobre él durante un tiempo.
Lo había atropellado un coche.
Cayó en una especie de amnesia constante.
Murió a los ochenta años.


©Nino Ortea Gijón, 10-I-09



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viernes, 9 de enero de 2009

Jornadas del cómic de Avilés 2009 I

El incansable Germán Menéndez me ha enviado la primera lista de invitados a las Jornadas del Cómic de Avilés 2009, que gustosamente comparto con vosotros.
Eso sí, leed la obra y asistid a las charlas; no os limitéis a comprar los tebeos y a llevarlos para que os los firmen.

Feliz viernes.












¡Pechos fuera!


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¡A la venta el próximo 13 de ENERO!



¡PECHOS FUERA!
(Editorial Espasa)
un libro de
Pepe Colubi
Pepe Colubi nació con una tele debajo del brazo. Sus padres habrían preferido un pan, pero lo quisieron igual y le dieron de merendar todos los días mientras el chiquillo no despegaba los ojos de la pequeña pantalla. Sus mejores amigos fueron Mazinger Z, Bugs Bunny y Piraña. Maduró con los Jordache, el emperador Claudio y el JR de Dallas. Admiró a Kunta Kinte, Colombo y Furillo. Viajó al más allá con Kirk, Koening y la lagartona Diana. Observó con curiosidad científica a Michael Knight, Murdock y McGyver. Se partió el pecho con Rigsby, Kramer, Chandler, Frasier o Skinner y siempre quiso llamarse Earl. Se le congeló la sonrisa con Tony Soprano, Grissom y Dexter. Se dejó curar por House y Becker. Vivió trepidantes aventuras con el vuelo 815 y deseó con todas sus fuerzas salvar a la animadora. Tanta tele vista ha convertido a su autor en un perturbado de provecho; las citas y diálogos catódicos que laten en su cabeza pedían a gritos ser ordenados en un libro como éste.
Las Autoridades Sanitarias advierten:
No ver la tele produce asocialidad, aislamiento y comportamiento huraño.
Modere su consumo de televisión: NUNCA más de 24 horas al día




martes, 6 de enero de 2009

La voz humana




Son muchos los verbos que no me gusta conjugar, y ahora mismo no estoy pensando en los defectivos o en los irregulares… ¡Y mucho menos en la voz pasiva!
“Esperar” es uno de esos predicados transitivos que odio transitar, pues me vuelve intransigente a la vez que desvela mi imposibilidad para actuar de sujeto paciente en ciertos contextos.
De hecho, mi imagen de purgatorio es muy parecida a la que Jean Cocteau creó para La voz humana, y Agustín Díaz Yanes recreó en Sin noticias de Dios: estar sentado esperando a que suene el teléfono.
No me voy a definir como un hombre puntual —puestos a mentir prefiero fantasearme como atractivo— ni mucho menos de los que acuden con tiempo a sus obligaciones o citas; pero sí que procuro llegar dentro de un tiempo prudencial.
La inquietud a la que me conduce la quietud de la espera, me ha llevado a autorecetarme un protector de estómago de efecto placebo, y de uso bastante genérico: suelo llegar unos 5 minutos tarde a mis citas… Bueno, vale, hay veces en que me retraso 10 minutos, pero siempre lo hago pensando que el otro va a llegar más tarde.
El caso es que, el pasado viernes, tuvo a bien sugerir que nos viéramos la sugerente “María”, mujer de virtudes sugestivas entre las que, como me temía, no se encuentra la puntualidad.
Por culpa de este período festivo en el que nadie cree pero todos celebran, me he visto obligado a cambiar mi horario de clases, con lo que ya ni los viernes disfruta este Yeins Von de su quantum of solace. ¡¿Por qué seré tan débil ante el canto de sirenas de un euro?!
Con la excusa de felicitarnos el año —pues con tal de acercarme a la belleza celebro el año chino, el musulmán o el visigodo— le propuse quedar para cambiar cromos; eso sí, antes recordé cambiarme de calzoncillos y perfumar mi falta de aseo, mientras en mi ninocueva tarareaba preso del deseo el premonitorio Ma quale idea?
L'ho beccata in discoteca con lo sguardo da serpente; io mi sono avvicinato, lei gla non capiva niente. L'ho guardata m'ha guardato e mi sono scatenato


Habíamos quedado a las 9 en una cafetería céntrica, cercana por si las musas a mi casa, pero alejada del lugar donde acabo, por el reloj, mis clases a las 8 ½. Como me veo gordo, y me sé pesado, procuro aprovechar mis idas y venidas docentes para caminar y calmar mi componente narciso de la que me miro en los escaparates. Así que me subí a mi caballo de cartón, y venga a trotar hacia la posada donde confiaba en que el amor hiciera morada.
Fred Astaire al mio confronto era statico e imbranato. Le ho sparato un bacio in bocca, uno di quelli che schiocca, sulla pista indiavolata li per li l'ho strapazzata
Tras esquivar a perros que paseaban a personas indolentes que recogían excrementos, a niños desvalidos por la artritis de sus abuelos, a coches fantásticos con apertura automática de puertas, y a impasibles soberbias de una belleza que me causó tortícolis, llegué al lugar señalado a la hora acordada. Bueno, más o menos, según mi reloj solar pasaban 4 minutos de las 9 de la noche.
Con la ilusión de un nino en La Noche de Reyes, busqué y rebusqué por el café gijonés dividido en dos por el muro antitabaco, y no la encontré. Respiré hondo. Me miré a un espejo. Me subí la bragueta. Y me senté, a esperar a mi diosa.
I'ho lanciata, riefferrata senza fiato l'ho lasciata!!! Tre le braccia m'e cascata era cotta innamorata


De hecho, en ese bar, es casi el mismo el tiempo que le he dedicado a Baco brindando que a Cronos esperando; pero, creedme, siempre mereció la pena. Ver entrar por ese portalón a las virginales Manón, Ginebra o Eva tenía un componente arrebatador de anunciación y epifanía de que el deseo se había hecho carne y anidaba entre nosotros.
El caso es que, a esas horas, ponerme a ojear el periódico me parecía demodé, y empezar a morderme las uñas resultaba declasé; así que saqué el móvil para asegurarme de que ningún misil lanzado en Oriente Medio se había cargado el satélite de comunicaciones. Todo en regla. Las 21:09. sólo quedaba esperar y mantener la compostura.
Per i fianchi I'ho bloccata e ne ho fatto marmellata!!! Oh yea si dice cosi no? E poi e poi

Café en mano me puse a fisgar en vidas ajenas mientras la mía se consumía en la incertidumbre. Frente a mí tenía a una orgía de niñas hipersexualizadas y niños megazoketex, así que aparté la mirada antes de que me partieran la cara. Un par de escenas aburridas más allá, vi a una vestal de pelo negro azabache recogido en un moño. Su piel anacarada, limpia de maquillaje, tenía como único contraste el tenue rosa de sus labios.
La mirada perdida revelaba que se encontraba en otro lugar, quizás en otro tiempo, y no allí sentada frente a un repeinado que intentaba retenerla con palabras convertidas en lamentos. No pude evitar quedarme atrapado en esa escena. Me fascinó lo discreto del desprecio que la esfinge mostraba. No hablaba, ni gesticulaba. Ni siquiera lo miraba.
La mayor exteriorización de su desdén se expuso en algo superfluo: pese a estar en zona de no fumadores, prendió un cigarrillo.
Unas cuantas caladas después, se acercó un camarero a llamarle la atención, lo que desató toda la ira contenida del chico. Mientras los dos discutían a viva voz, ella se levantó parsimoniosa, me miró indiferente antes de apagar el cigarrillo y decirle algo al barman. Tocó sin acariciar la espalda de su compañero de mesa y se fue hacia donde ya estaba su mente. 21:16
Che idea! - Ma quale idea? Non vedi che lei non ci sta?

Che idea! - Ma quale idea? Emaliziosa ma sapra

tenere a bada un superbullo buffo came te e poi che avresti di speciale che in un altro no non c'e!

Che idea! - Ma quale ideaz Non vedi che lei non ci sta?

Che idea! - Ma quale idea? Attento lei lunga la sa!

Lei ti fara girare in tondo senza avere mei


Una preciosidad rubia, de enormes ojos azules tan alegres como su sonrisa se me quedó mirando. Le devolví la sonrisa, y se acercó. Cuando ya estaba a mi lado, resonó una voz inquisitiva en eslavo. Imagino que la madre le pedía a su hija que no me molestara.
Y entonces llegó ella. Con su pelo azabache recogido en un moño. Su piel anacarada limpia de maquillaje, y la mirada perdida…
Comprendí que acababa de pasar del purgatorio de la espera al infierno de la pérdida.
Inconscientemente deseé poder estar sentado junto a un teléfono con la esperanza de que sonara.
sul visino suo di fata ma sembrave una patata!

L'ho acchiappata

I'ho frullata e ne ho fatto una frittata!!!


©Nino Ortea Gijón, 5-I-09.