Ven y enloquece

Ven y enloquece
Aunque este blog lo firme Nino Ortea, pertenece a quienes lo sentimos nuestro al leerlo.

martes, 30 de junio de 2009

A lo hecho, pecho.




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Muy buenas, estimados lectores.
Bienvenidos al primer boletín informativo de Ven y enloquece.
En realidad, había pensado daros esta noticia en forma de podcast; pero me he anticipado a mis planes, y lo que tenía pensado hacer dentro de unas semanas, lo he hecho hace unos días; así que no puedo esperar a contároslo hoy.
A lo que iba —que en acabando esto es a la cama— tengo una noticia que daros, y espero que sólo sea la primera de muchas y buenas.
Esa novela de la que me habéis leído hablar alguna vez, está acabada y entregada.
La he presentado a dos editoriales para que consideren su posible publicación, y este viernes he procedido al registro de su título; aunque quizás deba cambiarlo si es lo que se me aconseja por parte de quienes saben de eso de editar libros.
Como es mi primera vez —a mi edad no me sonroja admitir que soy primerizo— no sé muy bien cómo va todo este engranaje; aunque mucho me temo que aprenderé de mis errores, como es habitual en mí.
El título de la novela es “Besando a un tonto”. Quizás a algunos de vosotros os suenen algunos borradores que he colgado de ella en este blog bajo la etiqueta “BaUt”.
Básicamente, en la obra fantaseo sobre mis problemas con las mujeres. Más concretamente, me recreo en mis norelaciones con algunas mujeres con poco de personas. O, más exactamente —y viva el abuso de la adverbialización— esperpentizo a un tipo de fémina, a la que el capricho de mi deseo hace reencarnarse en caderas más o menos menguantes, pero escotes siempre crecientes.
El libro es también el resultado de mi hartazgo ante el axioma políticamente correcto de que las que ofrecen la manzana son de lo bueno, lo mejor; mientras que los que la mordemos somos de lo malo, lo peor. Como confío en que la obra salga editada si persevero y mi chufla respecto de ciertas memeces sectarias será de lo primero que salte a la vista debo admitir el tono masculino del escrito, que los sinsustancias encontrarán sexista y al que las soberbias denostarán por “Machista”.
La verdad es que en mi vida hubo, hay y habrá una presencia mayoritaria de buenas mujeres, y de mujeres requetebuenas. Pero, por alguna razón, me ha dado por desatinar sobre esa facción de las hijas de Eva más espurias que la falsa moneda.
¿Por qué escribo sobre las pocas malas, habiendo tantas buenas? Muy sencillo: para mi desgracia, a la pícara agraciada siempre le encuentro más gracia.
Bueno, ya os iré contando más cosas según vayan pasando; o según no vayan sucediendo, pues puede que al final todo quede en un espejismo, y acabe teniendo que vender fotocopias de mi iinfumable incunable para comprarle una cuna a mi aún no nato.
Ahora, queridos lectores, ya sabéis el porqué de mi descuido de este blog.
Ahora, Sergiux, ya estás al tanto de qué me hizo decirte —cuando te ofreciste a orientarme sobre el podcast— que como mucho duraría cinco minutos, y que no quería hacerlo con imagen. ¡Como para que alguna pellejuda lo colgara en yutiuv, y me pusiera una vela negra!
Una vez más, a todas y a todos, ¡gracias por venir y enloquecer!
Y el resto es silencio…


©Nino Ortea, Gijón, 29-VI-09

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