Ven y enloquece

Ven y enloquece
Fotocomposición a partir de una imagen de Eva Green en la película “The Dreamers”

jueves, 28 de abril de 2016

Este jueves, relato: Esculturas al aire libre



Este jueves, es nuestra compañera Molí quien nos propone como tema para nuestros relatos: “Esculturas al aire libre”
Mi historia supera en 48 palabras la extensión propuesta.
Para acceder al resto de relatos, sólo tienes que pulsar este enlace en el blog de Molí.
Gracias.


Olaya apenas había descansado más allá de los breves periodos de inconsciencia resultantes del cansancio. Pasó la noche adormeciendo sus ganas de unirse a Pelayo y mecerlo susurrándole palabras de esperanza.
Pero se tragó sus ganas y silenció sus palabras, incluso mientras compartían desayuno: los dos ahogaron sus sentimientos junto al pan duro que sumergían en los tazones de achicoria. 

Lo miró de espaldas cuando salió del cuarto, cada vez se parecía más a su padre: rebeldes hasta en ese cabello indómito al fijador.
También Mauro se había despedido en silencio la última madrugada en que se hizo a la mar. Su marido era oficial de máquinas en un barco fiel a la legalidad frente al alzamiento; fidelidad con origen en la decencia, no en la ideología: un gobierno se legitima con votos, no con balas. La nave fue hundida por fuego amigo de cobertura mientras remolcaba un carguero varado en la bocana del puerto.

Pelayo creció con su dolor de huérfano de un “vencido”, pero mantuvo victoriosa la ilusión de libertad que encontraba en los libros que había dejado su padre. Olaya lo crió con esperanza en su futuro, no le deseaba la desolación que se había pegado a su vida como el salitre se adhiere a la piel.
La Argentina de Perón se convirtió en refugio para desarraigados de la España de Franco. Olaya acalló sus miedos cuando su hijo le anunció su intención de partir allí, habría sido egoísta decirle que sin él su vida perdía sentido. Al despedirse, sólo pudo desearle buen viaje y recordarle que debía abrigarse, pues allí abril era un mes mas cruel.
Permaneció a la ventana hasta que Pelayo abordó el tranvía que lo acercaba a su deseo. Empezó a cambiarse para ir al trabajo. A medio vestir, salió a la calle. Corrió hasta el puerto. Desde la bocana, vio alejarse el carguero. Lloró, maldiciendo un mar que siempre anegaba sus ilusiones. Lloró, celebrando la esperanza que se habría para Pelayo. Lloró tanto que la sal de sus lágrimas se unió al salitre y su cuerpo comenzó a cubrirse de escarcha. Lloró mientras a ese día lo mecían muchas noches.

Ahora oye a los gijoneses llamarla “loca”; escucha gaviotas que le hablan de la vida que disfruta Pelayo, percibe en el bullicio de los niños el eco de las risas de sus nietos. Bajo su piel salinizada, su corazón late feliz. 398
“La madre del emigrante”, obra de Ramón Muriedas

viernes, 22 de abril de 2016

Le deseo amor, le deseo el cielo



Así nos cantó Prince que sería su primer día tras su muerte.
Le deseo amor, le deseo el cielo.




Mountains
Once upon a time in a land called Fantasy
Seventeen mountains stood so high
The sea surrounded them and together they would be
The only thing that ever made you cry
You said the devil told you that another mountain would appear
Every time somebody broke your heart
He said the sea would one day overflow with all your tears
And love will always leave you lonely
I say it's only mountains and the sea
There's nothing greater, you and me
Once upon a time in a haystack of despair
Happiness sometime hard to find (yeah)
Africa divided, hijack in the air
It's enough to make you want to lose your mind
I say it's only mountains and the sea
Love will conquer if you just believe (oh, yeah)
It's only mountains
And the sea
There's nothing greater, oh-oh, you and me
Guitars and drums on the one, huh, whoo
Whoo
(Bobby on the drum, ah)
It's only mountains (oh, yeah)
And the sea (and the girls sing)
There's nothing greater, you and me
Starvation, ow




En la vida y en el arte es mucho lo que se queda atrapado en intentos fallidos o cometidos a destiempo. Pero también es mucho lo que decidimos no compartir y guardar para nosotros. Actos íntimos que hablan de nosotros o para nosotros, y que ante todo no queremos hacer públicos.

Ayer murió Prince, un creador prolífico del que me temo que no tardaremos en ser bombardeados con discos póstumos. Me impresionó mucho el leer que lo habían encontrado muerto en su estudio, me vino a la cabeza que se había encerrado allí para eliminar todas las composiciones que nunca había llegado a compartir. quizá presentía la llegada de su muerte y no quiso que canibalizaran sus ilusiones más íntimas.
Yo no quiero que me pase eso. Llevo desde la madrugada rebuscando por casa y juntado todo lo que tengo escrito para tirarlo a la basura. 
Acabo de tirar la última caja con mis papeles triturados.

No veáis en este acto nada más que lo que implica para mí: cumplir mi voluntad.

Confío en vivir muchos años y en morir tranquilo. Pero cuando me muera nada contará mi historia fuera de lo que yo quise contar.

jueves, 21 de abril de 2016

Este jueves, un relato: Mara Laira y Rick Deckard

Este jueves es el compañero Demiurgo quien nos invita desde su blog a participar en la convocatoria de relatos.
Las composiciones deben tener como fuente de inspiración a su personaje Mara Laira. En mi relato hago un homenaje a la novela Do androids dream of electric sheep? de Philp K. Dick y un acercamiento al estilo inimitable de Demiurgo.

Si accedes a este enlace, encontrarás vínculos a todos los enlaces al universo compartido por gracia de Mara Laira.


Fotografía de la actriz Sean Young en su primera escena de la película "Blade Runner" (1982)


El triunfo de Ella

Cumplí la voluntad del dragón hasta que llegaste
porque estaba encaprichado del amor como una improvisación
fortuita o un juego preestablecido
que se iniciaban si dejaba caer el pañuelo.

Traducción libérrima de la primera estrofa del poema “Her Triumph”, por William B. Yeats.

I did the dragon's will until you came
because I had fancied love a casual
improvisation, or a settled game
that followed if I let the kerchief fall





Una triste oleada eléctrica, chirriada por el adormecedor automático del armonio de desánimos, acunó a Rick Deckard, otrora detective de lo oculto y que ahora, reconvertido en agente “Blade Runner”, se ocupaba de retirar toda presencia anómala en este plano de la realidad.
En su sueño entrevió a una mujer de facciones perfectas coronadas por una sedosa melena negra recogida en un tocado. Al acercársele, balanceaba su cuerpo sinuoso a un ritmo tan acompasado como una canción exacerbada de Calamaro.

Deckard gozó de un espasmo al escuchar su voz sedosa. De la que ella se inclinaba para susurrarle al oído, el ojo privado de disimulo del detective aprovechó para investigar su fragante escote. Dijo llamarse Mara Laira, soprano en polifonías amorosas y musa de composiciones ardorosas de Demiurgo, rimador recitado con deseo en los burdeles perdidos de todo Hurlingham.
Con dedos ágiles, Mara sacó papel de plata del paquete de tabaco que había sobre la mesita. En menos tiempo del que Deckard necesitó para suspirar su nombre, ella había moldeado un unicornio que posó sobre la rinconera.
Le murmuró al extasiado Deckard que su existencia era cierta; aunque, por su perfección, le pareciera irreal.

Necesitaba su ayuda para encontrar a su afín Duality, a quien temía atrapada en alguna historia perdida o sin terminar de empezar, en uno de esos relatos que se quedan varados en los arrecifes malditos que separan la inspiración de la creación.
Si la ayudaba a buscarla por El espacio virtual, sabría recompensarlo aunque el final de su pesquisa no fuera feliz, o incluso resultara violento u oscuro. La siguiente noche, tras quedarse dormido, acudiría a saber su respuesta.

Sorprendido —siempre le sorprendía encontrarse despierto tras un sueño tan vivo— Deckard se desperezó. Maldijo su soledad indeseada y su debilidad ante el deseo. Maldijo la vivacidad de sus sueños y el desaliento de su vida. Estiró una mano para coger un cigarrillo con el que sustituir maldiciones por toses. Sus torpes dedos tiraron un objeto. Sobre el suelo vio destellar un unicornio plateado.

Activó de nuevo el adormecedor, necesitaba soñarse ese Demiurgo inspirado por Mara Laira. 350