Ven y enloquece

Ven y enloquece
Aunque este blog lo firme Nino Ortea, pertenece a quienes lo sentimos nuestro al leerlo.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Enninado, que no alelado



Enninado, que no alelado
Muchas son las veces en las que bastantes superficiales me llevan afeado de ser un “machista deslenguado” por mi mera condición de lingüista ajustado. Y es que el uso apropiado de la lengua y del lenguaje, en cualquier posición o situación, suele llevar a que los vulgares y las corrientes te afeen por lograr éxtasis y aciertos, donde ellos sólo provocan decepciones y ellas invocan simplezas.

Centrándome en el uso del lenguaje, que el de la lengua es más bien descentrado, estoy harto ya de estar harto –vamos, que ya me cansé– de que se me acuse de usar un lenguaje sexista por expresarme con corrección lingüística.
No soy machista por articular con propiedad y usar lo masculino dentro de su género, persona y número. Cuando digo o escribo “lo”, donde tantos escriben “le”, cuando invoco a “la ciudadanía” y no a “los ciudadanos y ciudadanas”, o cuando no doy la badana escribiendo “tod@s” en vez de “todos”, no mantengo un comportamiento machista, sino que apropiado.

Tú, atentoLector, bien sabes que al invocarte no excluyo a mis atentas lectoras, y que mi expresarme es enninado, pero nada irrespetuoso: me atengo a nuestras normas gramaticales y sintácticas; de ahí que mis faltas, lingüistas, sean resultado de lapsos de atención, no de ausencias de respeto.




Hace poco, digamos que unos días, en un encuentro de aprendices de escritores en el que yo era el único hombre, me vi en una concatenación de situaciones incómodas: como la de aclarar que un autor de narrativa no tiene género cuando escribe, pues la voz la tienen sus personajes –de ahí que un narrador omnisciente pueda ser una voz femenina fabulada por un autor masculino–; o la de explicar que el leísmo consciente no es una forma de combatir el machismo, sino una expresión ramplona de incultura.
El haber tenido que dedicar mi presentación en sociedad a recalcar una evidencia social –mi condición de género no condiciona mi creatividad– y a recordar conceptos de cultura general –un “epilogo” es el apartado que cierra un texto, no el resumen que figura en la contraportada de un libro–, me hizo de nuevo sentirme un extraño entre quienes había presentido como mis iguales.
Obviamente, el desencuentro que acompañó a mis palabras llevó a que –una vez más– me sientiese solo, pese a estra en compañía de otras; y a que neófitas en desigualarme recurrieran al recurso añoso de etiquetarme como “chulo” –imagino que ranciedades como “engreído” y “machista”, también resonaron en mi ausencia–; pero siempre he tenido claro que antes solo que mal acompañado.

Es por eso que agradezco tanto el estímulo de tu compañía, atentoLector; y el que no des pábulo a los rumores burdos sobre las causas de mis recurrentes alejamientos momentáneos de éste, nuestro blog: lo que me aburre es la banalidad en Internet, no tu aprecio.
Nos leemos pronto, mis leídos compañeros.

Harlem Shuffle, The Rolling Stones



«Harlem Shuffle» —en español: «La movida del Harlem»— es una canción de R&B escrita y grabada originalmente por el dúo Bob & Earl en 1963. En 1986 la banda inglesa The Rolling Stones grabó una versión lanzándola como el primer sencillo de su álbum Dirty Work.
Fuente: Wikipedia

Increíblemente disfrutable, tanto como la versión orquestada por los Stones, es el video realizado por el insuperable Ralph Bakshi.


miércoles, 29 de noviembre de 2017

Voraz




 Voraz


Ni quiero ni busco engañarte,
mi mero deseo es el de devorarte,
hacer que nos saboreemos con intensidad efímera.

Lo único eterno es mí es la curiosidad,
este hambre que no sacia la ingesta de edad,
pero que podemos aplacar aquí sobre la encimera.

Viví durante un tiempo a dieta de normalidad,
pero me devoraban las ansias de voracidad,
así que mi vida volvió a ser la que era.

No busco ser normal, sino feliz.
Apuremos una avidez que tú calificarás de desliz
cuando le expliques a tu amiga tu cansancio y tu ojera.

Y así, mañana tras nuestro adiós,
cuando él te pregunte por esa sonrisa en tus labios
podrás tranquilizarlo con que su intensidad será perecedera.

Y le silenciarás que, por eso, vuestro matrimonio será eterno,
pues habéis triunfado al hacer de la pasión un averno,
y tu cuerpo de ángel sólo se endiabla al caer en una fugaz hoguera.



Y esto es lo que canturreo cuando evoco nuestro jaleo.


jueves, 23 de noviembre de 2017

Este jueves un relato: “Posverdad”

Este jueves es el compañero Juan Carlos Celorio quien nos convoca en su blog ¿Y qué te cuento? para intercambiar emociones, creencias y deseos presentados como “posverdades”.

Pinchando en este enlace accederás a los relatos de mis compañeros, atentoLector.




Posverdad ninoskera

Ninoskito lee la interesante propuesta de Juan Carlos. De todo lo escrito se queda con una frase: “que algo aparente ser verdad es más importante que la propia verdad”.
–Pos’verdad que Juancar tiene razón. Las “aparientas” engañan. ¡Mi última aparentada me engañó hasta con el butanero! Y eso que ella perjuraba que le gustaban los intelectuales, no los musculosos. Y pensar que, enloquecido por impresionarla, abrí un blog, publiqué siete libros y compré gafas de pasta… ¡Cuando en lo que tenía que haberme gastado la pasta era en ir al gimnasio!

Antes de colocarse otro par de calcetines en la entrepierna, observa su reflejo en el espejo:
–Bueno, no estoy tan mal, si me miras de lejos. Además, ellas siempre me aseguran que “el tamaño no importa”. Y lo dicen riendo, así que les debe de alegrar mi calibre.
Tal entelequia ninoskera no es una posverdad de ésas, sino un juicio verdadero; uno de ésos que profiere sin maldad media humanidad, y que la otra mitad escucha entre risitas burlonas. Él pertenece a la extendida media masculina que, sin saber lo que mide un palmo, asegura que alcanza los 20 centímetros; tamaño que, desde su época de fumador, Ninoskito calcula que debe de ser similar al de un mechero “mini Bic”.
Desde que el humo no ciega sus ojos, este fabulador puede haber perdido la chispa, pero no el chispero. Como Ninoskito no es ningún cínico, no sale cada día con un farol buscando un hombre; lo hace con un encendedor algunas noches, en busca de alguna gatita que empiece por quitarle el hipo y acabe por arañarle el corazón.

De la que empuña el “mini Bic”, aprecia una diferencia entre los tamaños referenciados. Tiene claro que el mechero no puede haberse dilatado por su fuego, así que se plantea el ir al costurero a por el centímetro y salir de una vez de dudas; pero se frena pensando en que es noviembre, y el frío no ayuda a que su “nini yo” se amplíe.
A la vuelta, si como siempre regresa solo, pensará qué puede fabular para este jueves. 350