Ven y enloquece

Ven y enloquece
Fotocomposición a partir de una imagen de Eva Green en la película “The Dreamers”

jueves, 29 de junio de 2017

No voy adonde ellos van



Una y otra vez, los grises me acusan de mostrarles desprecio, cuando lo que no les ofrezco es aprecio. Lo mío hacia la mayoría consuetudinaria es un desinterés habitual: no voy adonde ellos van. No doy importancia a los actos de quienes adecúan sus prácticas al gusto de la mayoría aprobatoria.


No es lo mismo “quitar” que “no dar”; creo que esta diferencia debería estar clara para quienes no tenemos la mente oscurecida por la sombra de la duda entre contrastarnos a la luz de nuestras verdades o disimularnos entre las penumbras de las mentiras consensuadas.
Siempre he pensado que reiterar lo evidente en lo emocional es de una pesadez recargada de ordinariez: no sólo nos cansa, también nos incomoda el tenernos que explicar por comportamientos que no obedecen a la razón, sino que acompañan a sentimientos. Lo que siente se hace de corazón, no de memoria. Vivir conlleva personalizar rutinas para así no hacer de lo cotidiano algo monótono.
Al reafirmarme en mis gustos no busco llevar la contraria a nadie, sino encontrarme.
Quizá debería cambiar de criterio y adaptarme a los agrados de la mayoría; pero ya soy demasiado viejo para diluirme en la turba de la aceptación ajena. Puede que en mi próxima reencarnación –si es que este gato tiene la mala suerte de caer con mal pie y levantarse con peor gusto–, opte por la vulgaridad de confundir lo mayoritario con lo valioso. Pero hasta entonces, seguiré maullando cuando esté junto a la belleza, no frente a la bajeza del servilismo rentable.
Soy como soy: fiel a ese yo que se convierte en nosotros, nunca en ellos.

domingo, 25 de junio de 2017

La mirada del observador 01 (I love how you love me)

Mi debilidad brota ante lo ajeno. Presenciar el sufrimiento de otros me altera. Observar la belleza me calma.


Una de mis debilidades recreativas es la impronta de David Lynch. Recuerdo lo mucho que me desconcertó la fascinación que ejerció en mí su película “Terciopelo Azul (1986). Ya con anterioridad había visto dos de sus films –“El hombre elefante (1980) y “Dune (1984)–; la primera me había parecido robusta, y la segunda me resultó curiosa; pero ninguna de ellas sugestionó mi ánimo espectador más allá de la pantalla. Con “Terciopelo Azul me sentí culpable al comprobar cómo había cautivado mi ensueño un relato sobre degradación y abuso.
En mis años universitarios me pasaba las horas viendo películas o charlando sobre ellas. Creo que “Terciopelo Azul fue la única película que silencié durante esa época lenguaraz. Y la silencié pese a ser una de las producciones más habladas del año, dada su alta valoración crítica y a su relativo éxito comercial. Aunque, ese éxito fue en gran medida ajeno a la calidad del film, ya que la película fue burdamente comerciada sobre el encanto carnal de Isabella Rosellini, ignorando su elaborada interpretación, lo que hizo que muchas personas acudieran a verla con la idea de encontrarse con una versión “rarilla” de la película Nueve semana y media (1986, Adrian Lyne)–. Por desgracia, mientras que David Lynch alcanzó con esta película una reputación cinematográfica que se ha mantenido impoluta pese a su desinterés por cuidarla, Isabella Rossellini fue reducida a la condición de meretriz con ínfulas de actriz.
No me atrevía a recomendar “Terciopelo Azul, ya que me inquietaba dar voz mi fascinación ante una historia tan turbia –si no hablas de algo, quizá ese algo deje de existir–; por lo que me limitaba a contestar con evasivas cuando se me preguntaba por el film interpretado por Rossellini. No fue hasta unos años después, en algún momento entre enero y febrero de 1991, que volví a ver “Terciopelo Azul. Y lo hice en compañía de mi enloquecedora compañera en la loca aventura del matrimonio; quien había empezado a caminar a mi lado por el fuego nupcial justo un mes después de que la teleserie “Twin Peaks –creada por Mark Frost y David Lynch– se hubiera estrenado en España.

A aquella primera temporada la siguió una segunda, menos atractiva y más sugerente. Y luego nada… O, mejor pensado: y luego nadé por veinticinco años de risas y llantos, de sorpresas y sustos. Años oscuros recordados con luz gracias a mis esporádicas muestras de debilidad ante lo ajeno.

Va a hacer siete semanas que se ha estrenado la tercera etapa de “Twin Peaks. Donde, de nuevo, el sólido trabajo de Mark Frost en el guión de cada episodio le permite a David Lynch recrear secuencias que nacen en su cabeza borradora de toda vulgaridad. Secuencias donde lo mismo fluctúa del enrojecido “no estar” al humeante “no ser”, que captura de la esencia de la BELLEZA, encarnada en la primorosa expresividad de Amanda Seyfried. Aquí os dejo el enlace videográfico con el minuto de belleza inmortal que asparece casi al final del quinto episodio de esta temporada en emisión.


Tras compartir a “vuelablog” esta “enninación”, vuelvo a la relectura absorbente de la novela “The Eye of the Beholder”, escrita por Marc Boehm. En algún momento de lo que queda del día reveréTerciopelo Azul, y mañana retornaré a “Twin Peaks”.
Gracias por tu compañía, Atentolector, I love how you love me.

jueves, 22 de junio de 2017

Vuelve la revista Ajoblanco


Copia y pega de un texto de la agencia EFE  Madrid 20/06/2017 - 15:05h


Tras 17 años de ausencia, la revista Ajoblanco, pionera de la contracultura en la España de los 70, vuelve esta semana a los kioscos, con una tirada inicial de 50.000 ejemplares y carácter cuatrimestral.

Este primer número es un ejemplar de 132 páginas a color con el título "Revolvemos", elaborado por más de 90 colaboradores y sin publicidad, ya que la revista se propone no depender de las directrices de ninguna institución, partido, empresa o moda impuesta por la industria cultural.

Además de España, la revista se distribuirá en Latinoamérica. En Chile y Argentina estará disponible a partir de julio y están trabajando para llegar a más países.

La revista se divide en cuatro partes. La primera, llamada "Apuestas en blanco y negro", rescata iniciativas sociales y culturales invisibilizadas en los medios tradicionales.

Le sigue un bloque que recupera las secciones emblemáticas de la revista: Sexo, Feminismo, Ecología, Antipsiquitría, Memoria, Salud, Libros, Música. A continuación, las páginas "A fondo", con reportajes de investigación, y una última sección, "El muro", heredada de la Cloaca de los años 70.

Para más información ajoblanqueante sólo teneís que ir a su página web

martes, 20 de junio de 2017

Días en blanco

Mientras escribo a la luz del mirador de mi casa, el reloj de Los jardines de la Reina marca que son las 16:35 y que estamos a 30º a la sombra. No sé si ésta es una ola de calor o sufro una resaca de sopor, lo que sí sé es que este que brilla es un sol de justicia, ya que –aunque se aplica a toda la ciudadanía, lo mismo que lo legislado en códigos y códices– machaca a los débiles y a los desprotegidos.

Mal momento éste para concentrarme en concluir la primera escritura de mi nueva novela primeriza. Aunque sé que peor lo están pasando los trabajadores que están volviendo a zanjar la calle a la que asoma mi mirador, levantada de nuevo al desvarío de un ayuntamiento servil con los intereses de unos pocos hosteleros, y no servicial con sus administrados.

Calor y ruido acechan en todos los rincones de una ciudad de Gijón que en verano se vuelve tan vulgar como quienes se hablan a voces en las terrazas de unas calles públicas peatonalizadas para beneficio hostelero, calles y plazas en las que ya no encuentro mi sitio.

Calor, ruido y hedores corporales que me impiden refugiarme en las bibliotecas públicas para escribir: a la molestia del teclear sobre el suelo que repican las suelas de las chanclas de unos estudiantes paseantes, que en lugar de estar preparando unos exámenes parecen estar preparándose para unas olimpiadas, se une la agresión pestilente de unos cuerpos que o bien transpiran hedor acre o despiden tufo aromático. El ruido de sus pasos y memeces, el hedor de su falta de aseo o de su exceso de perfume, mis ganas contenidas de afearles su falta de aliño y de respeto, todas estas groserías juntas, me revuelven, y llevan a que –durante esta época del año que acaba a principio de julio– evite el uso como escritorio privado de bibliotecas y salas de estudio públicas.

Así que me quedo en casa, con las ventanas cerradas, mientras intento resistirme al incordio del ruido y al agobio del calor. Pero no estoy cómodo, no logro abstraerme, pues no me parece que lo de estar sudado y aturdido sea la mejor manera de presentarme ante Sidonie. Por lo que, de nuevo, desisto de avanzar en esta novela que se me resiste. Y opto por bajar las persianas exteriores de mi casa, para aislarme del ruido de la calle y del calor de un sol que justo ahora cae sobre este inconsciente con el mismo peso con el que la ley se aplica sobre un infractor involuntario.

viernes, 16 de junio de 2017

“Colección particular”, antología de relatos de Juan Marsé



Mi admirado Juan Marsé ha reunido en "Colección particular" nueve de los contados cuentos que lleva publicados en su estimulante trayectoria literaria.
"Colección particular" consta de un prólogo escrito por Ignacio Echevarría, nueve relatos seleccionados y revisados por Marsé para su inclusión en esta antología, algunas piezas periodísticas que ofrecen pistas sobre algunos de los lugares y personajes más relevantes de las obras del autor, y un texto inédito que abre nuevas puertas a la lectura de su obra –a la vez que sirve de broche final al libro–.


Durante la presentación de "Colección particular", Juan Marsé confesó que su principal interés al escbtibir es el de "ser capaz de hacer creíble una historia que no es real. La autoficción no me interesa, ni en cine, cuando se dice 'basado en hechos reales', ni en literatura. De hecho, todo está inventado en el Quijote".
Marsé afirma nunca haberse sentido un escritor. "Sigo siendo un aprendiz, cada vez que me enfrento con un proyecto nuevo, tengo la sensación de partir de cero, de que todo lo que he aprendido para el libro anterior no sirve para el nuevo, porque batallas siempre con lo mismo, con expresar mejor lo que quieres expresar".
Tras confesar que es un "rematado gandul" y un perfeccionista, no tiene una explicación lógica de por qué se ha dedicado tan poco al cuento, si bien les atribuye un mismo origen –que quizá sea también la causa de su desapego a la narrativa breve–: "Casi todos los cuentos provienen de un encargo".
Al margen de la "pereza inicial", Marsé ve en sí mismo cierta "desconfianza", porque siempre ha pensado que podía conseguir algo positivo de su texto si dejaba pasar el tiempo, algo que no veía en el relato.

Además, para alguien que ha trabajado siempre con la memoria, la extensión y complejidad de la novela parece ser la salida más natural, el escenario ideal para "desarrollar ese mundo de la infancia de posguerra, con ese paisaje de ruina moral, y esa presencia impresionante del cine como vía de escape".
Preguntado sobre la posibilidad de que venza a la pereza y escriba nuevos cuentos, Marsé responde sin dar muchas pistas: "Estoy esperando acontecimientos históricos, por lo que no sé qué pasará".
Marsé se declara un lector de cuentos, "desde Maupassant a los latinoamericanos, pasando por 'Los relatos del padre Brown' de Chesterton, unas historias divertidas e inteligentes".

Además de "Noches de Bocaccio" y de los primeros cuentos que Marsé escribió en los años 50, han quedado fuera de "Colección particular" sus textos periodísticos que discurren por "ese género fronterizo de la sátira costumbrista".



Puedes leer más al respecto en





martes, 13 de junio de 2017

En apoyo a la petición de Tina Fuertes






Tina Fuertes está enferma de cáncer y ha querido dar la cara para defender la donación que Amancio Ortega ha hecho a la sanidad pública para la lucha contra esta enfermedad.

Su mensaje completo aparece en la petición que ha abierto en Change.org: No al rechazo de las donaciones de Amancio Ortega en la lucha contra el cáncer.  Somos 18.339 los firmantes de esta petición, te agradecería, amigo lector, que la leas y decidas si quieres apoyarla.

Gracias.