Ven y enloquece

Ven y enloquece
Por favor: no compréis aún ejemplares en Amazon de «Nada ha sido probado», esperad hasta que anuncie su publicación definitiva. Gracias por vuestro interés.

jueves, 12 de octubre de 2017

NINOT Y UN TAROT DE MURCIAH 1/5



La que vas a leer, atento lector, es una deliranza que tuvo en danza a mi persona y a la que mi personaje saca ahora a bailar.



No ha sido mi voluntad, sino un guiño del destino lo que me ha llevado a escribir este relato inexacto de desatinos; y es que, tras una serie de visitas al imprescindible blog del compañero Frodo, volvieron a mí evocaciones de cuando el fantasearme como tarotista constituía la mayor de mis obcecaciones.

Ahora que mis supersticiones se han ido de vacaciones –temo tener el poder fatal de invocar con mi escrituta a la encarnación de la diablura–, me encuentro con ganas de compartir la que llevo aprendida como mejor de las lecciones: la vida es tan azarosa como una partida de naipes; pero no por ello la puedes tirar, como si fuera una carta de tarot.

Descarto los bastos del rencor y las espadas del desamor, barajo los oros de las caricias y las copas de las risas, y en el texto que enlazo a continuación comienzo a desplegar mi interpretación de recuerdos.

miércoles, 11 de octubre de 2017

NINOT Y UN TAROT DE MURCIAH 2/5

Corría el año 2005, y a mis 40 años me sentía más soltero que entero: tenía el corazón entregado y la mente ausente.
No es que me quisiera casar, pero sí que me desvivía por ennoviarme con una morena de ojos cristalinos y corazón opaco, a la que llamaré Chindasvinta por eso de evitar que se dé por aludida cuando lea esta sacudida de recuerdos: después de todo no estoy escribiendo sobre su realeza, sino que sobre mi torpeza.


Por aquella llevábamos casi un año vinculados por un extraño apaño que nos unía sobre su cama, pero nos separaba ante los de su gama. No sé si éramos víctimas de un pérfido hechizo, del maleficio de un bizco o de su anhelo cobrizo, pero a la luz del día parecíamos la luna y el sol: ella radiante y yo eclipsado. Aunque al llegar la noche de sus días impares, como por arte de magia, me descubría en sus lares y contando sus lunares.
Aquella fue la primera vez, y confío en que haya sido la última, en la que me sentí soez por no decirle “hasta luego” a quien me deslumbraba con un fuego que me impedía ver su juego, en el que me ocultaba como una carta repetida bajo la manga. Aunque creo que sí que adivine su envide, y porfié en que, como tahúr experto, yo acabaría siendo el as en la baraja de aquella reina de corazones.
Pero acumulábamos casi un año de partida y yo sólo había cantado las 40 en edad, no por victoria. Mi ignorante seguía sientiéndome como un capricho, y yo incluso me veía como un mal bicho –ya que ocasionalmente buscaba la dicha efímera en otras sábanas, para acabar volviendo al tapiz del envite de mi fullera–.

martes, 10 de octubre de 2017

Nuevo cartel internacional para "Star Wars: El último jedi"


NINOT Y UN TAROT DE MURCIAH 3/5

Si no fue a finales de septiembre lo fue a principios de octubre, el caso es que por dar lumbre a mis oscuras noches del alma recurí al farol de aparentar haberme dejado de interesar por sus jugadas –puestos a fingir, no iba a ser ella la única que no se ruborirzase al comadrear como pareja lo que era un trío–.
Quizá presa de la sorpresa, puede que privada de la seguridad de saberme en su mazo, la reina de corazones se alejó de sus rojos salones y vino en busca de este sota de copas. No me buscó en bares o bodegas, lo hizo en la librería en la que yo por entonces trabajaba y que ella nunca visitaba.

Permitidme explicadme: sin ser una iletrada, mi deseada estaba libre del vicio de curiosear en lo que otros habían escrito, de ahí que tampoco contestara a los mensajes que le mandaba a su teléfono. Y es que curiosa lo estaba, pero no lo era… o al menos no lo fue con quien podía leer como un libro abierto.
Conducida por una inseguridad naciente apareció sonriente una tarde en la librería, y lo hizo justo en un momento en el que yo estaba muy entretenido echándole las cartas a tres clientes adolescentes que habían hecho de mis inexistentes poderes clarividentes su guía ciega en el laberinto del amor. De repente, la chica con la que yo tenía más trato, interrumpió mi lectura de su destino amoroso, para informarme que había una “señora” esperando.

Alcé la mirada y vi a mi ¿enamorada?, y la ví de buen color –sonrojada como las manzanas en septiembre–, no sé si su rubor era resultado de su candidez al verme vestido, o por su cabreo al haber sido llamada “señora”. Aunque ella, muy aristogata, se acercó ronroneante a mi vera, ignorando a mi atenta compañía, y me saludó con un beso que me hizo sentir ratón que ha alcanzado su queso.

lunes, 9 de octubre de 2017

NINOT Y UN TAROT DE MURCIAH 4/5

Desde aquella tarde, y durante algunas noches, me convertí en el amo del juego gracias al matrimonio entre mi habilidad de fabulación y su capacidad de engaño, oficiado en ceremonias de cartomántico engaño.
Y es que, mi engatusada mostró gran interés por mis préstamos tarotistas. Aquella primera tarde, al poco de haber cerrado la librería volví a ella, pues la muy atenta había reparado en que las adolescentes citaban mis aciertos como frecuentes, y ella, áun mozuela, quería saber si en su destino estaba el volver a la escuela como maestra.
De la que volvía a su encuentro con el mazo de cartas, comprendí que aquella era una ocasión para echarle un lazo de sartas: la misma curiosidad que mató al gato, haría mía a aquella aristogata. Tras recordarle a mi embaucada que yo de quiromancia sabía tanto como ella de fidelidad, le aclaré que sólo usaba veintitrés cartas para “mis tiradas” –los ventidós arcanos mayores más el loco–, ya que el destino se convierte en desatino si no ayudamos a que las parcas lo hilen fino.
Ella me miró entre sorprendida y admirada, y yo en aquel momento deseé que me bañara para siempre el azul de su mirada. Comencé a fabularle falacias ante las que ella asentía, cuanto más usaba mi invención, tanto más lograba su atención; por lo que si al principio usé la tirada romaní, acabé recurriendo al hexagrama –que se convirtió en mi favorita, ya que sus siete cartas me permitían fabular un dislate más elaborado–.


A la mañana siguiente, de la que se levantó para despedirme, me preguntó si podía dejarle algún libro sobre Tarot, entonces supe que tenía a la gata en mi regazo.
Fueran varias las tardes en las que más que venir a mi encuentro, acudía a mí en busca de su destino. Nunca supe la razón por la que mis fabulaciones tuvieron tanto eco en su ánimo: después de todo, yo sólo estaba usando a mi favor la información que ella me había dado y la que yo había sufrido. Aunque quizá ahí estaba la razón del éxito de mi sinrazón: lo que le contaba era una manipulación de su verdad. La tachaba de indecisa y antojadiza, de insolidaria y egosita, y ello con el escudo de que quienes se lo decían eran las batajas; para el cierre de la tirada siempre me guardaba un as en la manga, una interpretación abiertamente manipulada de lo que significaba la carta con la que concluía mi tirada –interpretación en la que siempre le ofrecía una solución que la alejaba de sus problemas y la acercaba a mí-.


domingo, 8 de octubre de 2017

NINOT Y UN TAROT DE MURCIAH 5/5

Escribo en serio cuando afirmo que no sé cómo ella llegó a identificarse tanto con lo que le “decían las cartas”, por alguna razón confío en mí cuando era evidente que le estaba mintiendo, y yo me sentí poderoso ante ella.
A día de hoy, sé que abusé de su confianza. Y lo sé por una certeza: en una mañana de viernes, pasados conce días desde el incio de mi juego, fue su hermana la que vino a verme. Me saludó seria y me pidió que dejara de echarle las cartas a su hermanilla, ya que estaba influyendo tanto en la muy pilla que se estaba replanteando muchas cosas en su vida, incluso abandonar su carrera funcionarial aún no iniciada.

Volví a ver a mi embaucada de sábado, los viernes ella solía quedar con su novio, y no llevé mi juego de cartas. No me atreví a confesarle que la había estado engañando con mi inexistente conocimiento del Tarot, así que me inventé otra mentira: le fabulé que me había echado las cartas y la lectura de la tirada me había dejado muy preocupado –algo me inventé sobre que la carta de “el loco” había salido invertida–, por lo que iba a estar una temporada alejado del tarot, pues me estaba obsesionando con eso de predecir el destino, cuando tanto ella como yo sabáimos que la suerte no está escrita en los astros ni es revelada por las cartas.
Nuestra relación no se finalizó aquí –no faltará quien interprete que el hecho de que acabe de escribir sobre ella indica que áun no la doy por terminada–, pero volvió a transcurrir de una manera que a mí me dolía aceptar. Y si hay algo que procuro evitar es el dolor, así que acabé evitándola a ella. Pero ésa es otra historia, y ésta ya ha resultado demasiado larga, amigo lector.
Gracias por tu compañía.

viernes, 6 de octubre de 2017

Nada ha sido probado: De sus montañas, mi locura

«Hyperactive!» (tema enloquecido del eloquecedor Thomas Dolby) es la canción que te sugiero para acompañar la lectura del relato « De sus montañas, mi locura».

Gracias.


Nada ha sido probado: Cliente muerto no paga

«I Hate Myself for Loving You» (tema arrebatador de la fascinante Joan Jett) es la canción que te sugiero para acompañar la lectura del relato «Cliente muerto no paga».

Gracias.


jueves, 5 de octubre de 2017

Kazuo Ishiguro, galardonado con el Premio Nobel de Literatura 2017

Me alegra la concesión de este premio a un escritor al que admiro. Descubrí su existencia gracias a la adaptación cinematográfica de su novela Lo que queda del día.

El jurado del Premio Nobel de Literatura ha destacado "sus novelas de gran fuerza emocional que han descubierto el abismo bajo nuestro nuestro ilusorio sentido de conexión con el mundo". “Es un escritor de una gran integridad. No mira hacia un lado, ha desarrollado un universo estético propio”, ha destacado Sara Danius, secretaria de la Academia Sueca.
Su obra más celebrada es Lo que queda del día (1989), su tercera novela, que ganó el premio Booker. Su última novela, de fantasía, lleva por título El gigante enterrado y explora cómo la memoria se relaciona con el olvido, la historia con el presente y la fantasía con la realidad. Todas sus obras han sido publicadas en español por Anagrama.

A día de hoy, el listado de su obra disponible en España es el siguiente:

Novelas
Fuente: Wikipedia
Pálida luz en las colinas (A Pale View of Hills, 1982), trad. de Ángel Luis Hernández, publicada por Anagrama en 1994.
Un artista del mundo flotante (An Artist of the Floating World, 1986), trad. de Ángel Luis Hernández, publicada por Anagrama en 1994.
Lo que queda del día o Los restos del día (The Remains of the Day, 1989), trad. de Ángel Luis Hernández, publicada por Anagrama en 1992.
Los inconsolables (The Unconsoled, 1995), trad. de Jesús Zulaika, publicada por Anagrama en 1997.
Cuando fuimos huérfanos (When We Were Orphans, 2000), trad. de Jesús Zulaika, publicada por Anagrama en 2001.
Nunca me abandones (Never Let Me Go, 2005), trad. de Jesús Zulaika, publicada por Anagrama en 2005.
El gigante enterrado (The Buried Giant, 2015), trad. de Mauricio Bach, publicada por Anagrama en 2016.
No todas sus antologías de relatos han sido publicadas en España
A Strange and Sometimes Sadness, Waiting for J y Getting Poisoned (1981). Tres relatos incluidos en la antología Introduction 7: Stories by New Writers.
The Summer After the War. Relato publicado en Granta 7 (1983)
A Family Supper. Relato publicado en Firebird (1983)
A Village After Dark. Relato publicado en The New Yorker (2001)
Nocturnos: cinco historias de música y crepúsculo (Nocturnes: Five Stories of Music and Nightfall, 2009), trad. de María del Carmen Alonso, publicada por Galaxia Gutenberg en 2010, y trad. de Antonio-Prometeo Moya, publicada por Anagrama en 2010. Libro de 5 relatos.
Guiones televisivos y cinematográficos
A Profile of Arthur J. Mason (1984). Guion para Channel 4.
The Gourmet (1987). Guion para la BBC.
The Saddest Music in the World (The Saddest Music in the World, dirigida por Guy Maddin en 2003). Historia original.

La condesa rusa (The White Countess, dirigida por James Ivory en 2005). Guion de cine.

Nada ha sido probado: La madre loca



«Gijón del alma» (tema popular gijonés, al que pone voz Víctor) es la canción que te sugiero para acompañar la lectura del relato «La madre loca».
Gracias.


miércoles, 4 de octubre de 2017

Ante el estreno en España de Blade Runner 2049




No hago de la Ficción una vía de escape frente a la Realidad: veo en ella una forma de reflexionar sobre lo que nos rodea, y encuentro en la "ficción narrativa" la posibilidad de hacerlo sin las limitaciones que fija lo vulgarmente aceptado como real.
Me preocupa, mucho, la situación social en la que se encuentra mi país, España. Esta preocupación me lleva a plantearme a diario si debo colgar en este blog algunas de las reflexiones que escribo, escrituras automáticas que recogen mi percepción y temores ante la que intuyo como inminente declaración unilateral de independencia por parte del Parlamento Catalán.
Pero, hasta ahora, siempre concluyo en que éste es un blog de recreación, y sé que cierto tipo de opiniones y reflexiones las debe conversar o exponer mi persona, no mi personaje literario.




Philip K. Dick fue un gran escritor. Aunque se la suele limitar dentro del género de “ciencia ficción”, su obra es universal: constituye –al menos en lo que llevo leído de ella– una reflexión sobre el individualismo en contraste con las estructuras de organización social y frente a las limitaciones vitales. Es más, creo que dentro del recurso fácil a encajonar a un autor dentro de un género, la mayor parte de la obra de Dick ha demostrado encontrar mejor encaje en el género de “anticipación”, ya que, de una manera más o menos distorsionada, lo más sustancial de lo que él intuía ha acabado ocurriendo a medida que el destino nos ha ido alcanzando.

Éste viernes 6 de octubre se estrena en España, al igual que lo hará en un gran número de países, la película Blade Runner 2049 –dirigida por Denis Villeneuve–, la cual continúa la historia narrada en la producción cinematográfica de 1982 –no así la de la novela de Philip K. Dick (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?) que ya era sólo parcialmente adaptada en la original Blade Runner–.

El ver una película, al igual el leer un libro o el conversar, me ayuda a encontrarme en las palabras/imágenes sentidas por otros. Tengo ganas de ver Blade Runner 2049: más allá del placer visual y del entretenimiento que confío encontrar en ella, creo que me ayudará a reflexionar sobre mi individualismo dentro de la estructura de organización social llamada España.

Pese a mi individualismo, soy consciente de que vivo en sociedad y de que lo hago de manera voluntaria. Al igual que, de manera voluntaria, escribo que me siento español; y al escribirlo soy consciente de que bastantes me pueden haber catalogado como un “replicante” y sentenciar mi retiro social. Después de todo, yo también “he visto cosas que vosotros no creeríais…”.
Es tiempo de vivir.

Nino (Marcelino José Ortea Suárez). Gijón, España, 4-X-2017.